Los festivales son para treintañeros: Granada Sound

El Granada Sound siempre ha sido de mis festivales favoritos, es como despedir el verano y decirle adiós al calor y los días largos con un poco menos de escozor en el alma, una bienvenida alegre para el otoño. Por diversas razones y responsabilidades llevaba dos años sin pisarlo y con motivo de esta visita (por primera vez con unas acompañantes diferentes a los habituales) me propuse hacer un experimento, ¿cómo sería vivir un festival recién estrenada la treintena?
El primer drama llegó cuando por culpa de una lesión vi peligrar mi asistencia al festival, pero el reposo, la rehabilitación y el buen hacer obtuvieron el ok del médico, el segundo al hacer la maleta, ¿qué me pongo? La ropa de oficina me miraba desde la percha, menos mal que una es una fashion victim bastante horterilis y salí del pasó con mucho arte (o eso creo).

Así que con mi maleta, y mis múltiples lesiones casi curadas, me puse rumbo a Granada con la terrible losa de que por primera vez en mi historia como festivalera llegaba tarde. Entramos en el festival casi a las 23 con el primer día de conciertos bastante avanzado y el peso de toda la semana de trabajo sobre nuestros hombros ¿cuántas veces se puede bostezar un viernes por la tarde? ¿creéis que existe un límite legal?
Bueno, reflexiones de abuela cebolleta de lado ¡llegamos! ¡Bien! Y aunque yo quería ver a Sidecars y ya habían terminado… La fiesta acaba de empezar para nosotras.


Tuents (que no toquens) por aquí, tuents por allá y que a nadie le falte un vaso de cerveza en la mano.

Mando Diao nos hizo empezar a calentar motores porque, ¿a quién no se le van los pies con ‘Dance with somebody’? Tras ellos, Niños mutantes, la banda jugaba en casa y eso se palpaba en la emoción de sus palabras y la forma de transmitir sobre el escenario, el público estuvo entregado llegando al clímax con ‘Errante’, tras ellos Dorian con temas nuevos y clásicos -esos que te encogen la patata pensando en tus años universitarios-, Las Nancys rubias energía y espectáculo puro sobre el escenario y The Zombie Kids, después de ellos nos retiramos (bueno en realidad eran los últimos), mucha fiesta para estos cuerpecitos madrugadores de viernes y la semana entera trabajando…

El sábado conseguimos salir de la cama sobre las 14h, creo que hacía años que no dormía hasta tan tarde un fin de semana. El plan era comer de cañas por Granada que se tradujo en merendar, entre duchas, etc, estábamos saliendo de casa a las 17 de tarde…
La máxima era: “hemos venido a pasarlo bien”, así que cero estrés. Llegamos a los últimos versos de Rayden porque conseguir un taxi para desplazarnos hasta el festival se covertió en misión imposible. Para cuando empezaba a tocar sus primeros acordes El Kanka ya teníamos una Alhambra en la mano, tras él Full, en el descanso entre este y el siguiente concierto sonó LN Granada de Supersubmarina ¡pelos de punta! Para mí un momentazo de la noche. Y empezó Carlos Sadness -¡ay qué ganas tenía de verte Carlos!- y la pequeña Miranda, cómo no morir de amor con una niña de unos 5 años en primera fila con un cartel que dice “Carlos me llamo Miranda” y que no para de bailar mientras se sabe la letra de principio a fin? Carlos confesó que había disfrutado muchísimo y que posiblemente estuviera entre el top 3 de los festivales en los que más había diafrutado tocando, ¡maravilla! La casa azul, Sexy Zebras y el broche final de la noche, al menos para mí, llegó con Crystal Fighter, admito que estaba muy cansada pero lo disfruté mucho.

El balance final para mí: quiero volver el año que viene. Los festivales son para treintañeros.

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